-Quiero hacer algo. Estoy repodrida de estar a oscuras y ver el techo.- Le dije
-¿qué pensás hacer?- Me dijo
-No sé, algo distinto, quiero salir de esta- Contesté
-Yo te ayudo, pero no voy a hacer las cosas por vos después de un tiempo.
-Ok, pero... ¿qué ha de hacer?
-No se, pregúntale al que regula todo.
Entonces, pregunté al que regula todo:
-Ey, oíme
-Decime, mi amor.- respondió con dulzura.
-No quiero estar mal, ya quiero cambiar, quiero terminar con esto.
-Te entiendo, mi bien. Y creo saber que es por mi culpa que estás así.
-Sí, caradura.- fruncí el ceño
-Es inevitable para mí, mi cielo, es así mi forma de ser. Perdóname.
-Te Perdono, pero antes quiero que hagas algo por mí. -negocié
-Lo que quieras.
-Olvídate de aquel que estuvo perturbándonos, y piensa en mí. Desenamórate
-Lo haré, mi vida.
Y volví a intercambiar oraciones con el que ordena:
-Ya está, ya lo hablé.
-Supongo que estás mejor, ¿no es así?- me respondió con indiferencia.
-Sí, pero falta algo más, que solo vos podés solucionar.
-Dime.
-Deja de hacerme recordar todo lo lindo que pasé, con eso que hizo que mi cariño duela.
-Esta bien, juro que no lo volveré a hacer. Estoy orgulloso de vos, por fin apostaste todas las fichas en vos misma.
Después de un tiempo, las cosas cambiaron; mi felicidad apareció otra vez, y mi intranquilidad dejó de molestarme.
Mi mente, mi corazón cariñoso y yo hicimos las pases, y mi inestabilidad emocional se fue, por fin.
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