Nos acompañabamos en nuestro momento de locura; pero ella se cansaba por recién haber terminado de hacer cosas en la casa, que obviamente, con la ayuda de nadie.
Siempre bailabamos, sin dificultad y sencillez, pero la veía como una bailarina de Broadway. Imaginaba que ella estaba bailando en el escenario, y yo, en la primer fila como su espectadora favorita en el teatro donde nadie se encontraba, solo las dos, mirándonos y sonriéndonos.
Y finalmente, exhaustas, pusimos punto final en lo que sería el espectáculo de la tarde; me senté, ella puso la canción que tanto le gustaba, y tarareaba, mirando el techo. De sus ojos marrones brotaban unas gotitas saladas, sin saber el porqué de su caída... Ve tú a saber que pasaba por su mente, pero en una parte ella me miraba y me cantaba:
"Con un leve vuelo de mí te apartaste pequeña torcaz.
Porque no querías que te acariciase el pelo y la piel.
Regresa, te pido, a darme consuelo como sabes tú.
Alivia esta pena que me estruja el ama, Che pykasumi"
Y para concluír con mi segunda memoria, después de que la melodía en piano terminó, me acosté junto a ella, y dormimos un rato, soñando, juntas.
Recuerdo en donde mi madre es la protagonista.
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