sábado, 10 de julio de 2010

Desconexión entre mente y cuerpo.

Adoraba el aroma a pavimento mojado de la tarde pluviosa. Su mente, que vivía en conflicto con su corazón y ella misma, vivía feliz mientras deleitaba la naturalidad de la caída del agua. Experimentó las ganas de sentir la fluidez de algún líquido correr por su piel, simulando el trabajo de la sangre que tenía dentro suyo. Seguido a esto, se zambulló debajo del fenómeno meteorológico.

Su epidermis se tornó fría, y a consecuencia se estremeció hasta volverse una bolita en el suelo. Cerró los ojos, y disfrutó la conexión que había entre la serenidad y el ruido de la lluvia; apreciando los pequeños puñetazos de las gotas que caían sobre ella, humedeciendo su cabello y relajándole el cuerpo en su totalidad.

Era tal la felicidad de su mente, que perdió por completo el conocimiento del transcurso del tiempo. Ella estaba en blanco, solo sentía. Ella estaba dormida.

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