Llego del colegio. Estoy cansada, no me siento bien. Siento desde muy dentro de mí que algo no anda bien.
Te veo acostada, estás llorando. No llorás de manera normal, sino que estás agitada. Insultabas al aire.
Mi hermana intenta calmarte, mientras habla por teléfono con no se quién. Seguís insultando al aire.
Me pediste por favor que saliera de tu pieza. Me siento en el comedor.
Sale mi hermana, me dice que querés suicidarte.
Lloro hasta dormirme, lentamente, lloro.
Mamá.
Pensamientos sin cuestiones
martes, 26 de abril de 2011
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Sofocándome.
Viendo como la gente se mueve rapidísimo; quedándome sentada, pensando, y por último digo: Soy la única que está así, ¿cuándo la mediocridad acabará por estos lares?
Estoy sentada, y sigo pensando.
Me sofoco.
Estoy sentada, y sigo pensando.
Me sofoco.
sábado, 21 de agosto de 2010
Cielo triste, árboles por despertarse, pajaritos de té con leche y suelo que no quiere respirar.
Miré el cielo. Estaba gris. Estaba triste pero tenía esa tendencia a ser anaranjado. El cielo estaba triste, pero quería ser anaranjado. Quería ser felíz.
Los pájaros, en manada, volaban y volaban en círculos, mareándome. Ayudaban al cielo triste a volverse anaranjado.
Había un vientecito lindo, tan lindo vientecito que hacía que danzaran las ramas de los árboles a punto de despertarse. Todavía era invierno.
Yo apoyé mi frente contra el ventanal, mientras que mi colita pidió permiso al suelo para no dejarle respirar por un momento.
Estaba el vientecito llorón que siempre me contaba que estaba triste porque tenía frío. Su mamá le había dicho que ya el aliento de padre, que le pega a las manos de sus hijitos cuando estas están heladas, volvería. El día estaba pesado, y es por eso que el cielo estaba triste.
Yo quería café, pero el suelo no quería respirar, todavía. Me obligó a que no me moviera, ya que estaba cómodo, como yo.
Y de repente, un pajarito se posó en mi jazmín, me miró y me cantó, sonrió, le sonreí y se fue, porque tenía que ver a sus hijitos, que me prometieron venir a casa a tomar un té con leche.
Los pájaros, en manada, volaban y volaban en círculos, mareándome. Ayudaban al cielo triste a volverse anaranjado.
Había un vientecito lindo, tan lindo vientecito que hacía que danzaran las ramas de los árboles a punto de despertarse. Todavía era invierno.
Yo apoyé mi frente contra el ventanal, mientras que mi colita pidió permiso al suelo para no dejarle respirar por un momento.
Estaba el vientecito llorón que siempre me contaba que estaba triste porque tenía frío. Su mamá le había dicho que ya el aliento de padre, que le pega a las manos de sus hijitos cuando estas están heladas, volvería. El día estaba pesado, y es por eso que el cielo estaba triste.
Yo quería café, pero el suelo no quería respirar, todavía. Me obligó a que no me moviera, ya que estaba cómodo, como yo.
Y de repente, un pajarito se posó en mi jazmín, me miró y me cantó, sonrió, le sonreí y se fue, porque tenía que ver a sus hijitos, que me prometieron venir a casa a tomar un té con leche.
viernes, 20 de agosto de 2010
Tengo frío y te extraño.
Tengo hambre, son las 5:10 AM, y todavía no quiero dormir.
Hoy no tengo clases, estoy feliz.
Me siento bien, pero sigo extrañándote.
Escucho canciones que me hacen recordarte, y te extraño más todavia.
Me gustás.
Amor, sería lindo verte, ¿no es así?
Quiero comer chocolate.
O tomar mate.
Te adoro.
¿Qué tendrá que ver mi hambre con vos?
No se.
Se nota que no duermo bien desde hace días.
Por tu culpa.
¿Sabías?
Me está yendo mejor en el colegio, vida social, y mi salud está mejor.
Por tu culpa.
¿Sabías?
Quiero estar bien y estoy bien.
Pero te extraño.
Quiero hablarte.
Quiero tenerte.
Quiero verte.
Me gustás mucho, y...
Tengo hambre.
Tengo hambre, son las 5:10 AM, y todavía no quiero dormir.
Hoy no tengo clases, estoy feliz.
Me siento bien, pero sigo extrañándote.
Escucho canciones que me hacen recordarte, y te extraño más todavia.
Me gustás.
Amor, sería lindo verte, ¿no es así?
Quiero comer chocolate.
O tomar mate.
Te adoro.
¿Qué tendrá que ver mi hambre con vos?
No se.
Se nota que no duermo bien desde hace días.
Por tu culpa.
¿Sabías?
Me está yendo mejor en el colegio, vida social, y mi salud está mejor.
Por tu culpa.
¿Sabías?
Quiero estar bien y estoy bien.
Pero te extraño.
Quiero hablarte.
Quiero tenerte.
Quiero verte.
Me gustás mucho, y...
Tengo hambre.
viernes, 13 de agosto de 2010
Sin saber como mi alma se siente.
Obviamente, como es de pasarme, sentí vergüenza por todo. Sentí vergüenza a enamorarme otra vez, por tener miedo a que vean en mí a alguien diferente, alguien enamoradizo o superficial. Sentí vergüenza por hablar cosas con algunas personas que prometieron estar conmigo de por vida, aún así siendo de sangre, o simplemente por la palabra creíble y sincera. Y uno de ellos es ahora el que inquieta a mi sentido.
Siento vergüenza por sentir aquello que un día perdí, y que ahora apareció como si nada, agarrándome desprevenida, y otra vez, vacilé como siempre.
Me pregunté: ¿está bien lo que hago?, ¿por qué soy tan dubitativa?, ¿y si pierdo la oportunidad?... Como era de esperarse, tape mi cara con las manos y lloré, no de tristeza o desesperación, sino de algo peor, lloré de duda. Esa duda que siempre se nos aparece cuando cometemos el mismo error, ese error que es pensar las cosas millones de veces y nunca decidirte por cuál sería la más beneficiosa, creyendo que todas están mal, o no sabés ni que es.
Pero también cabe la posibilidad –que desconozco- de que también halla llorado de alegría, ya que volví a sentir eso que, realmente, me mantiene dentro de los limites de cordura que ya son escasos en mí.
Ohh, tan adorable es esta sensación. Es confusa e irritante, odiosa e insufrible, pero me encanta.
Siento vergüenza por sentir aquello que un día perdí, y que ahora apareció como si nada, agarrándome desprevenida, y otra vez, vacilé como siempre.
Me pregunté: ¿está bien lo que hago?, ¿por qué soy tan dubitativa?, ¿y si pierdo la oportunidad?... Como era de esperarse, tape mi cara con las manos y lloré, no de tristeza o desesperación, sino de algo peor, lloré de duda. Esa duda que siempre se nos aparece cuando cometemos el mismo error, ese error que es pensar las cosas millones de veces y nunca decidirte por cuál sería la más beneficiosa, creyendo que todas están mal, o no sabés ni que es.
Pero también cabe la posibilidad –que desconozco- de que también halla llorado de alegría, ya que volví a sentir eso que, realmente, me mantiene dentro de los limites de cordura que ya son escasos en mí.
Ohh, tan adorable es esta sensación. Es confusa e irritante, odiosa e insufrible, pero me encanta.
viernes, 16 de julio de 2010
La ira.
Horrible me siento; pues mandaría a aquel a la hoguera, como tal mandó a mi corazón al fondo de la agonía. Creyó con ignorancia, que de verme tan quebradiza y con falta de carácter con respecto al amor, podía hacer de mí lo que se le plazca. Sádicamente, celebré el hecho de saber que su creencia era errónea; sí, sádicamente, porque yo acompañaba sus pensamientos con alma y vida, y ahora, que me siento tan estúpida y inexplicablemente iracunda conmigo misma y también con eso que hizo que mi pensamiento se irrumpiera en su integridad, escupo con asco eso que algún día amé con devoción.
“Del amor al odio hay un solo paso”, me citaba mi hermana. Me aferro a esa frase que expresa lo que siento en este momento; explica precisamente la palabra odio. Odio, es lo que siento, después de ser literalmente engañada. No a infidelidad –o eso supongo – si no, engañada en la manera de que expresaron eso que era tan puro, convirtiéndolo en palabras insignificantes y sin razón. También culpa tengo, por creer éstas palabras y darlas como ciertas a la primera vez que éstas fueron dialogadas. Enojada, me encuentro, por dar de mí todo lo que fuera necesario, desviviéndome por aquello que no valió la pena y por amar incondicionalmente.
Adoraría ver que aquello que hizo oídos sordos ante mi converso, sufra todo lo que estoy padeciendo en este momento. Que sienta lo que es ver que la esa persona que creyó que estaría a su lado cuando más lo necesitara se valla, y deseo, con todo mi corazón, que ésta persona le pague con la misma moneda que aqueste me pagó a mí.
“Del amor al odio hay un solo paso”, me citaba mi hermana. Me aferro a esa frase que expresa lo que siento en este momento; explica precisamente la palabra odio. Odio, es lo que siento, después de ser literalmente engañada. No a infidelidad –o eso supongo – si no, engañada en la manera de que expresaron eso que era tan puro, convirtiéndolo en palabras insignificantes y sin razón. También culpa tengo, por creer éstas palabras y darlas como ciertas a la primera vez que éstas fueron dialogadas. Enojada, me encuentro, por dar de mí todo lo que fuera necesario, desviviéndome por aquello que no valió la pena y por amar incondicionalmente.
Adoraría ver que aquello que hizo oídos sordos ante mi converso, sufra todo lo que estoy padeciendo en este momento. Que sienta lo que es ver que la esa persona que creyó que estaría a su lado cuando más lo necesitara se valla, y deseo, con todo mi corazón, que ésta persona le pague con la misma moneda que aqueste me pagó a mí.
Rota, enojada, con IRA. De esta voy a salir bien, estoy segura.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)