Obviamente, como es de pasarme, sentí vergüenza por todo. Sentí vergüenza a enamorarme otra vez, por tener miedo a que vean en mí a alguien diferente, alguien enamoradizo o superficial. Sentí vergüenza por hablar cosas con algunas personas que prometieron estar conmigo de por vida, aún así siendo de sangre, o simplemente por la palabra creíble y sincera. Y uno de ellos es ahora el que inquieta a mi sentido.
Siento vergüenza por sentir aquello que un día perdí, y que ahora apareció como si nada, agarrándome desprevenida, y otra vez, vacilé como siempre.
Me pregunté: ¿está bien lo que hago?, ¿por qué soy tan dubitativa?, ¿y si pierdo la oportunidad?... Como era de esperarse, tape mi cara con las manos y lloré, no de tristeza o desesperación, sino de algo peor, lloré de duda. Esa duda que siempre se nos aparece cuando cometemos el mismo error, ese error que es pensar las cosas millones de veces y nunca decidirte por cuál sería la más beneficiosa, creyendo que todas están mal, o no sabés ni que es.
Pero también cabe la posibilidad –que desconozco- de que también halla llorado de alegría, ya que volví a sentir eso que, realmente, me mantiene dentro de los limites de cordura que ya son escasos en mí.
Ohh, tan adorable es esta sensación. Es confusa e irritante, odiosa e insufrible, pero me encanta.
da para q aparezcas por el msn... "^^
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