No te das cuenta, siempre estás mirando a la ventana esperando que suceda algo que te cambie la vida; algo muy imposible en un restaurante donde te sentás y tomás lo mismo de siempre, solo, con la mirada perdida.
Esperas con ansias la llegada de algo inesperado, algo que nunca imaginaste que pasaría, queriendo romper la monotonía de tus días.
Mirás a todos lados, no me vés. No te dás cuenta que mis ojos están clavados en vos, y una lágrima corre por mis mejillas.
No tenés idea, que cada vez que te sentás en la misma mesa número 18, te estoy esperando… esperándote con un café vienés delante de mí.
(Prefacio de mi pequeña novela: Café vienés. En cuanto empiese a darle forma al mismo, abriré un blog con los capítulos) Enjoy.
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